viernes, 11 de julio de 2025
jueves, 10 de julio de 2025
Educación Superior para el Desarrollo Productivo de Chile y sus Regiones
A partir de la década de 1990, Chile ha desplegado una intensa y exitosa agenda de inserción económica internacional, sobre la base de una activa estrategia de acuerdos comerciales en tres grandes bloques de comercio internacional: NAFTA, UE y APEC. Ello propició la expansión del comercio exterior chileno, merced a una extendida diversificación de mercados de destino, abriendo múltiples oportunidades de nuevos mercados para la producción nacional. Ahora bien, no obstante, una tarea aún pendiente ha sido alcanzar logros similares en diversificación productiva.
En efecto, es cierto que han emergido una cantidad no despreciable de nuevas producciones que exitosamente se han insertado en diversos mercados de destino global. Sin embargo, nuestra canasta exportadora mantiene una fisonomía más o menos similar durante tres décadas, signada esencialmente por producciones intensivas en recursos naturales. Por ello reiteradamente se señala la importancia de agregar valor a nuestra producción de exportación, fortaleciendo procesos de innovación mediante el desarrollo de la ciencia y tecnología. No obstante, ello ha sido bastante más difícil que la apertura y la diversificación de mercados de destino.
En este ámbito, cabe pensar en las fortalezas que Chile ha logrado desarrollar en su expansión de su educación superior. Desarrollar sobre este potencial una estrategia articulada que vincule la generación de conocimiento con las necesidades del aparato productivo, el desarrollo territorial y los desafíos sociales y ambientales del país es una tarea que ha de desplegarse con apoyos más activos y explícitos hacia la cooperación, que focalice de manera inteligente áreas prioritarias de investigación y desarrollo tecnológico basadas en las ventajas hasta hoy desarrolladas y sus necesidades estratégicas. Y a partir de ello, desplegar una inversión sostenida en laboratorios, centros tecnológicos y plataformas colaborativas de investigación aplicada, alineado con el fomento al capital humano avanzado y la atracción y retención de talento.
Sobre esta base, se viabilizaría con mayor vigor el surgimiento de empresas de base científica y tecnológica desde el sistema de educación superior, derramando a su vez conocimiento crítico y estratégico hacia la formación de nuevos profesionales, con foco en el futuro. Por cierto, apostar por ello requiere de una mirada descentralizadora de la ciencia y tecnología, potenciando la rica diversidad territorial de Chile, fortaleciendo la inversión tecnológica en regiones, articulando estratégicamente a las universidades desplegadas por todo el territorio nacional.
Y es que Chile posee un sistema de educación superior con capacidades relevantes, muchas de ellas localizadas en regiones de gran potencial, donde el Biobío emerge con especial fortaleza. Sin embargo, sin estrategias explícitas de articulación, que fomenten la colaboración multisectorial, tendrán un acotado impacto en el desarrollo productivo. Reconocer por tanto el rol de las universidades, la ciencia y tecnología, no sólo como herramientas de generación de conocimiento, sino como motores de transformación productiva y diversificación sostenible, hará de nuestro sistema de educación superior un agente cada vez más activo del desarrollo territorial, económico y social de Chile y sus regiones.
* Columna publicada en Hora 12