Mostrando entradas con la etiqueta Desarrollo Territorial y Gestión de Entorno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desarrollo Territorial y Gestión de Entorno. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2026

La Participación Ciudadana entre el Centralismo y la Burocracia

Transcurrido un tiempo desde el inicio de la emergencia relacionada a los terribles incendios registrados en nuestra Región del Biobío, ya van surgiendo de entre la catástrofe algunas visiones que, en un país como el nuestro, tan expuesto y habituado a desastres de distinto tipo, requieren tomar la forma y sistematizarse adecuadamente como aprendizajes, para mejor abordar situaciones similares hacia el futuro. En efecto, han surgido diversas críticas respecto a la eficiencia de respuesta de las autoridades respecto a la emergencia, pero también elementos destacables que deben tenerse en cuenta como fortaleza para la mejora paulatina y sostenida hacia el futuro. 


Un aspecto que surge en situaciones de emergencia en regiones, refiere al marcado centralismo de nuestro país, que termina por exponer fallas estructurales del Estado que, ante la necesidad de gestionar emergencias y catástrofes, se vuelven críticas. La toma de decisiones concentrada en el nivel central genera demoras operativas, con acciones que dependen de autorizaciones que autoridades locales deben esperar, o protocolos territorialmente estandarizados en un contexto de evidente desconocimiento cabal de la urgencia y especificidad territorial desde el nivel central. Esto limita la autonomía local y acceso a recursos y atribuciones, lo que finalmente debilita la capacidad de reacción temprana, especialmente en zonas aisladas, extremas o rurales. En la práctica, muchas veces ello detona en fragmentación institucional, con servicios operando con baja coordinación territorial, lo que dificulta la articulación público-privada y comunitaria a nivel local. 


La burocracia por su parte también cumple su rol, generando rigidez procedimental y marcos normativos que muchas veces resultan poco adaptables a escenarios excepcionales y terminan por ralentizar la toma de decisiones en contextos de emergencia, donde el tiempo es un recurso vital, generando cuellos de botella, descoordinaciones con múltiples organismos actuando bajo lógicas sectoriales y jerarquías formales que dificultan la coordinación interinstitucional y territorial, transformando la emergencia en un problema de gestión que amplifica el impacto social y económico de las catástrofes en el territorio.


No obstante, en esta tragedia, así como en muchas otras antes que esta, se nos ha revelado la importancia de la participación ciudadana y la acción colectiva en escenarios de emergencias y desastres, surgiendo un espacio singular para la articulación en red de experiencias, aprendizajes y recursos diversos, donde la cooperación y asociatividad en el espacio local cumplen un rol singular para mitigar efectos de grandes catástrofes. Ello requiere ser sistematizado y adecuadamente institucionalizado, a manera de capitalizar el evidente aprendizaje social que ha dejado una historia de catástrofes en nuestro territorio, lo que podría propiciar el fortalecimiento del liderazgo de las instituciones del territorio merced a la activación de redes, asociatividad y cooperación.


En efecto, considerar estos elementos pueden ser sustanciales para emprender un proceso mayor de modernización que propenda al fortalecimiento de un Estado descentralizado y con capacidades territoriales eficientes, con decisiones más rápidas, contextualizadas y alineadas con las características locales, reduciendo la dependencia del nivel central, disminuyendo la rigidez burocrática e instalando un enfoque moderno de gestión pública con mayor liderazgo regional.


* Columna Publicada en Hora 12


jueves, 22 de enero de 2026

Hacia una Marca Región Fortalecida

Los primeros días de este año 2026 en la Región del Biobío se han encontrado señalados por la firma de convenio entre Marca Chile, el Gobierno Regional y Desarrolla Biobío para trabajar en la Marca Región del Biobío, entendido como un proceso que propende a construir una estrategia integral de posicionamiento territorial, que busca construir, gestionar y proyectar una identidad regional diferenciada, coherente y creíble, con el fin de atraer inversiones, turismo, talento, abriendo  mercados y fortaleciendo al mismo tiempo la cohesión social regional, sobre la base de los activos estratégicos del territorio regional.


Constituye ello un desafío interesante de participación y colaboración para todos los actores de la región, con miras a construir un activo estratégico intangible, que sea capaz de reimpulsar y acelerar el desarrollo económico regional, que lamentablemente lleva ya prácticamente más de dos décadas de un marcado rezago respecto de lo alcanzado en promedio por el país y que, en efecto, requiere de iniciativas urgentes que mejoren la competitividad sistémica regional. así como fortalezcan la imagen regional en función de un fortalecimiento de su identidad territorial y su cohesión social.


No obstante, así también construir una marca región sólida igualmente se trata de un desafío complejo, toda vez que se trata de hacer converger en una idea sencilla y muy clara de transmitir,  una propuesta de valor distintiva, basada en atributos claves del territorio, que integre de manera coherente tanto ventajas competitivas tangibles como aquellos atributos intangibles que caracterizan al territorio regional y representan elementos únicos, que señalan una diferenciación auténtica y creíble, con alto grado de apropiación y consenso por parte de actores locales.


Ahora bien, un factor estratégico y particularmente importante en el éxito de posicionamiento que pueda alcanzar la marca región del Biobío, en especial en la coyuntura actual, dice relación con alcanzar gobernanza multinivel muy efectiva y eficiente, articulando virtuosamente la particularidad del carácter de la región del Biobío en un contexto territorial país mayor, toda vez que se debe alcanzar coherencia entre el enfoque estratégico nacional y el territorial regional, así como también integrar virtuosamente ciudades y territorios subregionales y marcas productivas, evitando la fragmentación comunicacional, con miras a generar sinergias con una marca región fuerte que potencie el valor de las marcas locales.


Aquí, recordar los aprendizajes de la década de 1990 puede ser particularmente importante en cuanto a la necesidad de alcanzar coherencia estratégica subterritorial. Al respecto, la instalación de una estrategia muy activa de inserción internacional a nivel nacional resultó particularmente importante en su momento, para el fortalecimiento de los flujos de comercio internacional y especialmente en la actividad exportadora regional. 


En este sentido, la capacidad estratégica de los liderazgos nacionales y regionales, articulados de manera sistémica y compleja en torno a un enfoque de largo plazo, que vincule virtuosamente la estrategia regional de desarrollo con las estrategias y políticas nacionales de desarrollo, alineando territorialmente políticas económicas y productivas, serán claves para dotar de la consistencia necesaria al mensaje que se busque transmitir en una marca región fuerte que se sostenga en el tiempo, reactivando como esperamos la economía y competitividad regional. 


* Columna publicada en Hora 12


miércoles, 24 de septiembre de 2025

Educación Superior y Convergencia Territorial

El sistema de educación superior chileno se caracteriza por una dinámica compleja donde coexisten tanto la competencia como la cooperación entre una amplia diversidad de instituciones desplegadas por todas las regiones del país, que buscan destacarse a la vez que reconocen la importancia de colaborar para abordar desafíos comunes y mejorar la calidad de la educación superior en su conjunto. La competencia se manifiesta principalmente en la búsqueda de estudiantes, recursos y reconocimiento, mientras que la cooperación se observa en iniciativas de colaboración para mejorar la calidad, la investigación y la internacionalización. 


Por otro lado, en Chile existe una marcada heterogeneidad en los niveles de desarrollo a nivel regional, con disparidades significativas entre las distintas zonas del país que se manifiesta en diversos aspectos, incluyendo la economía, el acceso a servicios básicos, la calidad de vida y la concentración de la riqueza, lo que constituye un problema complejo, que demanda de un abordaje integral que implica políticas públicas diferenciadas, descentralización efectiva y una mayor inversión en capital humano. 


En este escenario, el concepto de convergencia universitaria territorial ha de emerger como un desafío singular para el desarrollo de Chile y sus regiones, lo cual puede abordarse desde múltiples dimensiones, en una noción en construcción que ha ido tomando forma a partir de diversos procesos de transformación en la educación superior, especialmente en contextos de globalización, digitalización y cambios en los modelos de gobernanza universitaria. 


Nos referimos en este caso al proceso mediante el cual se propicia que las universidades tiendan a alinearse, integrarse o coordinarse entre sí en torno a ciertos estándares, prácticas, estructuras, valores o propósitos comunes, tanto a nivel nacional como internacional y así también territorial regional. Ello ha de manifestarse en áreas como la gestión académica, la docencia, la investigación, la vinculación con el medio, la innovación curricular y el uso de tecnologías.


Más allá de la competencia y los esfuerzos de diferenciación que las instituciones despliegan, para que el desarrollo académico sea funcional y pertinente a la diversidad territorial de Chile, es preciso pensar en un proceso de articulación de planes de estudio, donde se propicie el desenvolvimiento de un marco de desarrollo básico de competencias genéricas y profesionales comunes, con trayectorias formativas construidas también localmente, visualizando lo global con enfoque de desarrollo regional. Así también, tanto como se despliega un esfuerzo constante de integración institucional a redes internacionales de investigación, es clave armonizar aquello en función de agendas científicas locales, basadas en calidad, eficiencia y transparencia.

   

Avanzar en mayores grados de convergencia territorial de la educación superior no implica forzar la uniformidad, sino más bien apostar por una articulación estratégica y flexible entre instituciones en pro de su calidad, relevancia e impacto sobre el desarrollo de nuestras regiones. Constituye ello un desafío multidimensional, que requiere un equilibrio estratégico entre la cooperación y el fortalecimiento de la identidad y autonomía de cada institución, de manera tal que el avance hacia estándares globales no desarticule a nuestras universidades regionales de su pertinente atención a las necesidades locales.


*Columna publicada originalmente en Hora12

jueves, 10 de julio de 2025

Educación Superior para el Desarrollo Productivo de Chile y sus Regiones


A partir de la década de 1990, Chile ha desplegado una intensa y exitosa agenda de inserción económica internacional, sobre la base de una activa estrategia de acuerdos comerciales en tres grandes bloques de comercio internacional: NAFTA, UE y APEC. Ello propició la expansión del comercio exterior chileno, merced a una extendida diversificación de mercados de destino, abriendo múltiples oportunidades de nuevos mercados para la producción nacional. Ahora bien, no obstante, una tarea aún pendiente ha sido alcanzar logros similares en diversificación productiva.


En efecto, es cierto que han emergido una cantidad no despreciable de nuevas producciones que exitosamente se han insertado en diversos mercados de destino global. Sin embargo, nuestra canasta exportadora mantiene una fisonomía más o menos similar durante tres décadas, signada esencialmente por producciones intensivas en recursos naturales. Por ello reiteradamente se señala la importancia de agregar valor a nuestra producción de exportación, fortaleciendo procesos de innovación mediante el desarrollo de la ciencia y tecnología. No obstante, ello ha sido bastante más difícil que la apertura y la diversificación de mercados de destino.


En este ámbito, cabe pensar en las fortalezas que Chile ha logrado desarrollar en su expansión de su educación superior. Desarrollar sobre este potencial una estrategia articulada que vincule la generación de conocimiento con las necesidades del aparato productivo, el desarrollo territorial y los desafíos sociales y ambientales del país es una tarea que ha de desplegarse con apoyos más activos y explícitos hacia la cooperación, que focalice de manera inteligente áreas prioritarias de investigación y desarrollo tecnológico basadas en las ventajas hasta hoy desarrolladas y sus necesidades estratégicas. Y a partir de ello, desplegar una inversión sostenida en laboratorios, centros tecnológicos y plataformas colaborativas de investigación aplicada, alineado con el fomento al capital humano avanzado y la atracción y retención de talento.


Sobre esta base, se viabilizaría con mayor vigor el surgimiento de empresas de base científica y tecnológica desde el sistema de educación superior, derramando a su vez conocimiento crítico y estratégico hacia la formación de nuevos profesionales, con foco en el futuro. Por cierto, apostar por ello requiere de una mirada descentralizadora de la ciencia y tecnología, potenciando la rica diversidad territorial de Chile, fortaleciendo la inversión tecnológica en regiones, articulando estratégicamente a las universidades desplegadas por todo el territorio nacional.


Y es que Chile posee un sistema de educación superior con capacidades relevantes, muchas de ellas localizadas en regiones de gran potencial, donde el Biobío emerge con especial fortaleza. Sin embargo, sin estrategias explícitas de articulación, que fomenten la colaboración multisectorial, tendrán un acotado impacto en el desarrollo productivo. Reconocer por tanto el rol de las universidades, la ciencia y tecnología, no sólo como herramientas de generación de conocimiento, sino como motores de transformación productiva y diversificación sostenible, hará de nuestro sistema de educación superior un agente cada vez más activo del desarrollo territorial, económico y social de Chile y sus regiones.


* Columna publicada en Hora 12

lunes, 9 de septiembre de 2024

De Tradiciones, Nostalgias y Temores

Los de mi generación, aquella que se acerca al medio siglo de vida y que pasaron su infancia y adolescencia en la comuna de Talcahuano, recordarán que crecimos con una consigna que resonaba permanentemente entre nosotros, al momento de presentar nuestro “terruño”… formábamos parte de ese selecto grupo de habitantes del primer puerto militar, industrial y pesquero de Chile. Esa sola idea, conformadora de identidad, señalaba una impronta que era fervientemente compartida por quienes también nos hacíamos llamar bajo el gentilicio coloquial de “choreros”.


¿Cuánto de esa identidad hemos logrado preservar, cultivar y (re) construir en nuestra querida ciudad? Para darnos claridad frente a la pregunta, tal vez sea preciso hacer repaso a la historia, de esa reciente y también de aquella que no lo es tanto.


La impronta de puerto militar se comienza a gestar en el territorio que hoy conforma Talcahuano desde la época de instalación de la corona hispana, allá a mediados del 1700, cuando fue declarado “Puerto de Registro Surgidero y Amarradero de Naves”. Así, desde aquella época el puerto ha construido su fisonomía militar en torno a lo que hoy conocemos como base naval.


Luego, en los albores del siglo XX, se comienza a gestar en Talcahuano el carácter de puerto de mercancías y a mediados del mismo siglo, comienza a emerger el carácter industrial de la comuna, propiciada por CORFO mediante las instalaciones productivas de CAP y ENAP y más tarde ASMAR como los más relevantes empujes para la constitución luego, de un extenso barrio industrial con industria siderúrgica, aceros, terminales marítimos y terrestres de petróleo y derivados, oleoductos, gasoductos, industria química, cementera, entre otras tantas. 


La pesca por su parte, intensa en actividad tanto artesanal como industrial, vivió su mejor época económico productiva en la década de 1990 y se extendió hasta inicios del 2000, tiempo en el cual una severa crisis de sostenibilidad afectó al desarrollo de la industria. En la actualidad, lejos quedan esos tiempos donde prácticamente una veintena de plantas industriales dinamizaban la economía local y hoy escasos establecimientos industriales se sostienen en la comuna.


Así es que emerge hoy esta visión, que se vale de las tradiciones históricas de nuestra querida ciudad para concluir con nostalgia respecto de lo poco de aquello que engrandeció la ciudad. Hoy nos queda aquello de puerto militar enclavado en la base naval, algo poco de actividad pesquera y lamentablemente muy poco de la dinámica industrial. Exactamente… muy poco de actividad industrial… y cada vez menos.


Hace unas semanas se confirmó la decisión por parte de CAP de cerrar definitivamente las operaciones de la siderúrgica Huachipato, otrora empresa singular de la dinámica industrial chorera. Con operaciones muy limitadas y afectadas por una competitividad internacional que no dejaba margen de maniobra, sus ejecutivos han optado por cesar en los esfuerzos por sostener la actividad.


Y así, hoy no sólo vemos con nostalgia lo que un día fue Talcahuano y cada vez avanza más rápido a dejar de ser. Emerge entonces el temor respecto del devenir futuro de la economía. No solo local, sino que también regional. Y es que la pérdida de la siderúrgica no es sólo una actividad productiva que se cierra, son además miles de empleos directos e indirectos que se pierden, variadas actividades de servicios conexos que se resienten y a través de ello, toda una dinámica productiva y comercial se afecta a través de la pérdida de ingresos en la localidad. En la práctica, menor bienestar económico productivo para las familias de la comuna y la región nos espera.


Queda ahora la pregunta, que emerge casi como un desafío… después de todo esto, ¿qué?... no se visualizan nuevas inversiones que sean capaces de capitalizar las competencias y saberes que en torno a la industria quedarán latentes en la comuna. Y es que lo más lamentable no es sólo la pérdida de actividad económica, sino además la manera en que se da la espalda a saberes, conocimientos y capacidades que por años se construyeron. Ser capaces de prospectar el futuro para capitalizar y proyectar ese conocimiento que yace en las tradiciones e historia del territorio ha de ser la consigna actual. Quizás, para volver a ser mucho más ese primer puerto militar industrial y pesquero y menos, un puerto de ricas tradiciones, que solo recordamos con nostalgia y proyectamos al futuro con temores.

martes, 27 de agosto de 2024

Competitividad Territorial y Calidad de Vida... Relación Compleja y Cotidiana.


Cuando en los medios se hace referencia a la competitividad, se suelen expresar una serie de ideas, todas bastante vinculadas con la economía, la producción y los mercados y mucho menos vinculadas a la calidad de vida y el bienestar que necesariamente implica y que lleva aparejado. Es más, se suele recordar poco o tomar poco en cuenta que, como los buenos vinos en una rica gastronomía, hay un maridaje indisoluble y perfectamente equilibrado entre competitividad y bienestar, cuando ambos se tratan de una manera correcta, adecuada y pertinente al contexto territorial que se trate.


En efecto, no hay territorio verdaderamente competitivo donde la gente no cuente con un nivel adecuado de calidad de vida. Así también, el alcanzar bienestar implica una cuota importante e insoslayable de competitividad. Veamos cómo funciona esto en la práctica, para comprenderlo desde aquello que nos es más cotidiano. 


Un aspecto clave en el bienestar es que nuestra red de conectividad sea eficiente y no tengamos que pasarnos largas horas en trayecto desde nuestra casa al trabajo y viceversa, o donde sea que queramos llegar, sabiendo que las distancias no debieran ameritar un gasto exacerbado de recursos valiosos como el tiempo, energía, combustible. Y por cierto, menos provocar un daño diario, permanente y prácticamente irreversible en el bienestar y calidad de vida. 


Sin embargo, nos encontramos en la Región del Biobío, Provincia de Concepción y constatamos que estamos presentes en una ciudad con tránsito colapsado, donde hablar de calidad de vida puede sonar hasta insultante para personas que, por ejemplo, deben transitar día a día desde la ribera sur del Biobío hacia la ribera norte del mismo. Esa misma infraestructura obsoleta, en muchos casos mal diseñada en una ciudad mal planificada no solo golpea día a día el bienestar de las personas y familias completas, sino que además daña severamente la competitividad del sistema productivo con una logística ineficiente y que implica importantes sobre costos de tiempo y combustible.


Al respecto, lo que en realidad constatamos es un panorama de abandono infraestuctural, que se repite lamentablemente en cuanto territorio regional existe en nuestro país. Zonas aisladas hacia la cordillera, territorio insular regional prácticamente desconectado, caminos rurales casi abandonados y una urbe penquista con serie de proyectos retrasados, eternamente postergados o que derechamente son una oda al diseño pequeño y deficiente.


En este escenario ¿Competitividad del centro comercial penquista?... Imposible... ¿Bienestar para todos los habitantes de la ciudad?... Tan inviable como lo anterior.


Por otro lado, tenemos una región y ciudad que goza del privilegio de contar con grandes universidades, generadoras de capital humano avanzado como ya se lo quisieran muchos otros territorios en Chile. Sin embargo, ese capital humano no encuentra espacios en nuestra región para desenvolver todo su talento, que terminamos expulsando a otras regiones. Resultado... Tasa de desocupación, pobreza y similares persistentemente superiores en nuestra región respecto de las medias nacionales.


¿Bienestar así?... Muy difícil... ¿Y competitividad?... La respuesta es obvia.


Y es que durante largas décadas, demasiadas, nuestra región se ha vuelto progresivamente menos atractiva para la inversión. Infraestructura deficiente, proyectos regionales retrasados, golpean persistentemente la calidad de vida y con ello, la competitividad se vuelve derechamente inexistente.


He ahí una de las causas... Empresas que cierran operaciones en nuestro territorio, comercios tradicionales que cierran sus puertas en una competitividad regional que no repunta... Y un bienestar cada vez más difícil de alcanzar.


Y es que ya lo decíamos al comienzo... Bienestar y competitividad constituyen un maridaje indisoluble y perfectamente equilibrado, cuando ambos se tratan de una manera correcta, adecuada y pertinente al contexto territorial... Por cierto, difícil entonces esperar mejores resultados, cuando proyectos, planes y estrategias claves para la región se han llevado de manera tan poco diligente y pertinente a las necesidades territoriales.


Así... calidad de vida y competitividad seguirán como hasta ahora... lamentablemente postergados.


lunes, 16 de octubre de 2023

Libro "Prospectiva y Estrategia para el Desarrollo Competitivo Territorial"

Prospectiva y Estrategia para el Desarrollo Competitivo Territorial es resultado de un proceso de transferencia tecnológica en prospección científica, tecnológica y de mercado que, sobre la base de la vinculación universidad – empresa, fue emprendido en alianza por la Universidad del Bío-Bío de Chile, el Instituto de Prospectiva, Innovación y Gestión del Conocimiento de la Universidad del Valle de Colombia y la Federación de Cámaras de Comercio y Turismo (Fecomtur) de la Región del Biobío, con miras a fortalecer el desarrollo competitivo territorial del sector comercio, servicios y turismo, en la Región del Biobío.

En específico, esta alianza, que contó con el apoyo y financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo del Gobierno de Chile, ANID, ha permitido desenvolver durante el año 2022 un proceso de transferencia tecnológica con participación de académicos, alumnos de pregrado y empresarios PYME en metodologías de análisis prospectivo para el desarrollo competitivo territorial; en una instancia de vinculación estratégica universidad – empresa, que ha tendido al fortalecimiento de capacidades prospectivas para el mejoramiento competitivo de la PYME en comercio, servicios y turismo; que le permitan afrontar en mejores condiciones el escenario postpandemia COVID-19; e instalar capacidades para la competitividad territorial en empresarios, alumnos y academia, con focalización en el sector comercio, servicios y turismo PYME, de la Región del Biobío.

Al respecto, la llegada de la pandemia Covid-19 ha generado una nueva dimensión de crisis hacia el plano económico productivo, donde los canales por los que los cuales las adversas condiciones de actividad económica han afectado a territorios y sectores económicos de una manera diferenciada, dependiendo del estado y evolución de las distintas economías territoriales, dependiendo de las particularidades y configuraciones que presentan. En este marco, se cuenta con la constatación de efectos de relevancia en la menor actividad de comercio, servicios y turismo, y es precisamente en este plano que se hace preciso visualizar prospectivamente la expresión territorial de las estrategias de futuro para el reimpulso de estos sectores especialmente golpeados, donde el imperativo estratégico es pensar globalmente para articular la acción local territorial.

Es en este sentido que este resultado es a la vez una oportunidad tanto para la instalación de capacidades prospectivas para el desarrollo competitivo territorial como también, para desarrollar un aporte de difusión del conocimiento hacia los territorios, en una activa vinculación con el medio de la universidad con su entorno, que puede dar lugar a la conformación de un núcleo de investigación que proyecte luego su trabajo hacia nuevos territorios y ámbitos de acción, en una alianza de largo plazo, con visión de desarrollo competitivo territorial.



viernes, 13 de octubre de 2023

Descentralización y Modernización del Estado

Cuando se observa el proceso de descentralización en nuestro país y las razones que se esgrimen para su mejor consolidación, se constata que se asiste a una instancia clave para avanzar de manera más efectiva y eficiente hacia el desarrollo de Chile.

En efecto, se constata en Chile un desarrollo evidentemente desequilibrado y poco armónico a escala territorial. Se tienden a concentrar los beneficios en zonas centro, mientras que las regiones tienden a quedarse en el rezago económico, productivo y social. Véase variables como la distribución regional del crecimiento económico, véase variables como la distribución territorial del empleo y la pobreza, revise variables como la distribución regional de la inversión, observe variables como la concentración regional de las exportaciones y su estructura productiva. En todas ellas y mucho más se constatará que las zonas centro del país resultan relativamente más beneficiadas frente a regiones y territorios que, más alejados de dichas zonas, se quedan en el rezago, concentrando problemáticas de orden económico y social.

Por cierto, esto genera una serie de ineficiencias que afectan al desarrollo del país en general, pero que perjudican con su rezago mucho más a las regiones que a las zonas centro. Uno de los efectos más notorios dice relación con la lentitud exacerbada con la que se logran generar inversiones y proyectos públicos claves y urgentes en regiones.

En efecto, los grandes proyectos llegan permanente y estructuralmente tarde terminando por resolver a medias, las problemáticas que se pretenden resolver.

Véase el tiempo que en nuestras regiones nos tardamos en conseguir y consolidar inversiones claves en salud, educación, vivienda e infraestructura. Suelen pasar constantemente largos años antes de conseguir hospitales de calidad y envergadura suficiente, conectividad e inversiones estructurales y en medio de esa desidia y falta de diligencia del Gobierno Central de atender las problemáticas regionales, observamos como la velocidad con que se generan proyectos e inversiones públicas es bastante más acelerada y efectiva en zonas metropolitanas.

Mientras tanto, se constata que contamos hoy con autoridades de Gobiernos Regionales elegidas por la ciudadanía, pero que no cuentan con la plenitud de atribuciones y recursos para intervenir más aceleradamente con proyectos de desarrollo efectivos para las regiones. Y es que no basta con tener autoridades elegidas territorialmente sino que el fondo del asunto es abordar en serio una modernización de la gestión del Estado, pues la descentralización no se trata de la lucha de regiones frente a la región Metropolitana, sino más bien de contar con un Estado cercano a las problemáticas regionales y que pueda actuar eficiente y pertinentemente, en consecuencia a esa cercanía.

Exactamente, se trata de un problema generalizado de gestión pública más que sólo tener regiones y autoridades en ellas, pues de otro modo, la sola generación de nuevas regiones habría significado un avance sustantivo hacia un desarrollo regional y territorial más equilibrado y ello, claramente no ha emergido como una solución efectiva y eficiente frente al centralismo. Menos aún si vemos como ese centralismo tiende a replicarse permanente y estructuralmente, también, al interior de nuestras regiones. Pues así es, sabemos que el centralismo también se replica a nivel intraregional lo que por cierto, puede ser objeto de otra columna, tan extendida como ésta.