lunes, 9 de febrero de 2026

La Participación Ciudadana entre el Centralismo y la Burocracia

Transcurrido un tiempo desde el inicio de la emergencia relacionada a los terribles incendios registrados en nuestra Región del Biobío, ya van surgiendo de entre la catástrofe algunas visiones que, en un país como el nuestro, tan expuesto y habituado a desastres de distinto tipo, requieren tomar la forma y sistematizarse adecuadamente como aprendizajes, para mejor abordar situaciones similares hacia el futuro. En efecto, han surgido diversas críticas respecto a la eficiencia de respuesta de las autoridades respecto a la emergencia, pero también elementos destacables que deben tenerse en cuenta como fortaleza para la mejora paulatina y sostenida hacia el futuro. 


Un aspecto que surge en situaciones de emergencia en regiones, refiere al marcado centralismo de nuestro país, que termina por exponer fallas estructurales del Estado que, ante la necesidad de gestionar emergencias y catástrofes, se vuelven críticas. La toma de decisiones concentrada en el nivel central genera demoras operativas, con acciones que dependen de autorizaciones que autoridades locales deben esperar, o protocolos territorialmente estandarizados en un contexto de evidente desconocimiento cabal de la urgencia y especificidad territorial desde el nivel central. Esto limita la autonomía local y acceso a recursos y atribuciones, lo que finalmente debilita la capacidad de reacción temprana, especialmente en zonas aisladas, extremas o rurales. En la práctica, muchas veces ello detona en fragmentación institucional, con servicios operando con baja coordinación territorial, lo que dificulta la articulación público-privada y comunitaria a nivel local. 


La burocracia por su parte también cumple su rol, generando rigidez procedimental y marcos normativos que muchas veces resultan poco adaptables a escenarios excepcionales y terminan por ralentizar la toma de decisiones en contextos de emergencia, donde el tiempo es un recurso vital, generando cuellos de botella, descoordinaciones con múltiples organismos actuando bajo lógicas sectoriales y jerarquías formales que dificultan la coordinación interinstitucional y territorial, transformando la emergencia en un problema de gestión que amplifica el impacto social y económico de las catástrofes en el territorio.


No obstante, en esta tragedia, así como en muchas otras antes que esta, se nos ha revelado la importancia de la participación ciudadana y la acción colectiva en escenarios de emergencias y desastres, surgiendo un espacio singular para la articulación en red de experiencias, aprendizajes y recursos diversos, donde la cooperación y asociatividad en el espacio local cumplen un rol singular para mitigar efectos de grandes catástrofes. Ello requiere ser sistematizado y adecuadamente institucionalizado, a manera de capitalizar el evidente aprendizaje social que ha dejado una historia de catástrofes en nuestro territorio, lo que podría propiciar el fortalecimiento del liderazgo de las instituciones del territorio merced a la activación de redes, asociatividad y cooperación.


En efecto, considerar estos elementos pueden ser sustanciales para emprender un proceso mayor de modernización que propenda al fortalecimiento de un Estado descentralizado y con capacidades territoriales eficientes, con decisiones más rápidas, contextualizadas y alineadas con las características locales, reduciendo la dependencia del nivel central, disminuyendo la rigidez burocrática e instalando un enfoque moderno de gestión pública con mayor liderazgo regional.


* Columna Publicada en Hora 12


jueves, 22 de enero de 2026

Hacia una Marca Región Fortalecida

Los primeros días de este año 2026 en la Región del Biobío se han encontrado señalados por la firma de convenio entre Marca Chile, el Gobierno Regional y Desarrolla Biobío para trabajar en la Marca Región del Biobío, entendido como un proceso que propende a construir una estrategia integral de posicionamiento territorial, que busca construir, gestionar y proyectar una identidad regional diferenciada, coherente y creíble, con el fin de atraer inversiones, turismo, talento, abriendo  mercados y fortaleciendo al mismo tiempo la cohesión social regional, sobre la base de los activos estratégicos del territorio regional.


Constituye ello un desafío interesante de participación y colaboración para todos los actores de la región, con miras a construir un activo estratégico intangible, que sea capaz de reimpulsar y acelerar el desarrollo económico regional, que lamentablemente lleva ya prácticamente más de dos décadas de un marcado rezago respecto de lo alcanzado en promedio por el país y que, en efecto, requiere de iniciativas urgentes que mejoren la competitividad sistémica regional. así como fortalezcan la imagen regional en función de un fortalecimiento de su identidad territorial y su cohesión social.


No obstante, así también construir una marca región sólida igualmente se trata de un desafío complejo, toda vez que se trata de hacer converger en una idea sencilla y muy clara de transmitir,  una propuesta de valor distintiva, basada en atributos claves del territorio, que integre de manera coherente tanto ventajas competitivas tangibles como aquellos atributos intangibles que caracterizan al territorio regional y representan elementos únicos, que señalan una diferenciación auténtica y creíble, con alto grado de apropiación y consenso por parte de actores locales.


Ahora bien, un factor estratégico y particularmente importante en el éxito de posicionamiento que pueda alcanzar la marca región del Biobío, en especial en la coyuntura actual, dice relación con alcanzar gobernanza multinivel muy efectiva y eficiente, articulando virtuosamente la particularidad del carácter de la región del Biobío en un contexto territorial país mayor, toda vez que se debe alcanzar coherencia entre el enfoque estratégico nacional y el territorial regional, así como también integrar virtuosamente ciudades y territorios subregionales y marcas productivas, evitando la fragmentación comunicacional, con miras a generar sinergias con una marca región fuerte que potencie el valor de las marcas locales.


Aquí, recordar los aprendizajes de la década de 1990 puede ser particularmente importante en cuanto a la necesidad de alcanzar coherencia estratégica subterritorial. Al respecto, la instalación de una estrategia muy activa de inserción internacional a nivel nacional resultó particularmente importante en su momento, para el fortalecimiento de los flujos de comercio internacional y especialmente en la actividad exportadora regional. 


En este sentido, la capacidad estratégica de los liderazgos nacionales y regionales, articulados de manera sistémica y compleja en torno a un enfoque de largo plazo, que vincule virtuosamente la estrategia regional de desarrollo con las estrategias y políticas nacionales de desarrollo, alineando territorialmente políticas económicas y productivas, serán claves para dotar de la consistencia necesaria al mensaje que se busque transmitir en una marca región fuerte que se sostenga en el tiempo, reactivando como esperamos la economía y competitividad regional. 


* Columna publicada en Hora 12


miércoles, 24 de septiembre de 2025

Educación Superior y Convergencia Territorial

El sistema de educación superior chileno se caracteriza por una dinámica compleja donde coexisten tanto la competencia como la cooperación entre una amplia diversidad de instituciones desplegadas por todas las regiones del país, que buscan destacarse a la vez que reconocen la importancia de colaborar para abordar desafíos comunes y mejorar la calidad de la educación superior en su conjunto. La competencia se manifiesta principalmente en la búsqueda de estudiantes, recursos y reconocimiento, mientras que la cooperación se observa en iniciativas de colaboración para mejorar la calidad, la investigación y la internacionalización. 


Por otro lado, en Chile existe una marcada heterogeneidad en los niveles de desarrollo a nivel regional, con disparidades significativas entre las distintas zonas del país que se manifiesta en diversos aspectos, incluyendo la economía, el acceso a servicios básicos, la calidad de vida y la concentración de la riqueza, lo que constituye un problema complejo, que demanda de un abordaje integral que implica políticas públicas diferenciadas, descentralización efectiva y una mayor inversión en capital humano. 


En este escenario, el concepto de convergencia universitaria territorial ha de emerger como un desafío singular para el desarrollo de Chile y sus regiones, lo cual puede abordarse desde múltiples dimensiones, en una noción en construcción que ha ido tomando forma a partir de diversos procesos de transformación en la educación superior, especialmente en contextos de globalización, digitalización y cambios en los modelos de gobernanza universitaria. 


Nos referimos en este caso al proceso mediante el cual se propicia que las universidades tiendan a alinearse, integrarse o coordinarse entre sí en torno a ciertos estándares, prácticas, estructuras, valores o propósitos comunes, tanto a nivel nacional como internacional y así también territorial regional. Ello ha de manifestarse en áreas como la gestión académica, la docencia, la investigación, la vinculación con el medio, la innovación curricular y el uso de tecnologías.


Más allá de la competencia y los esfuerzos de diferenciación que las instituciones despliegan, para que el desarrollo académico sea funcional y pertinente a la diversidad territorial de Chile, es preciso pensar en un proceso de articulación de planes de estudio, donde se propicie el desenvolvimiento de un marco de desarrollo básico de competencias genéricas y profesionales comunes, con trayectorias formativas construidas también localmente, visualizando lo global con enfoque de desarrollo regional. Así también, tanto como se despliega un esfuerzo constante de integración institucional a redes internacionales de investigación, es clave armonizar aquello en función de agendas científicas locales, basadas en calidad, eficiencia y transparencia.

   

Avanzar en mayores grados de convergencia territorial de la educación superior no implica forzar la uniformidad, sino más bien apostar por una articulación estratégica y flexible entre instituciones en pro de su calidad, relevancia e impacto sobre el desarrollo de nuestras regiones. Constituye ello un desafío multidimensional, que requiere un equilibrio estratégico entre la cooperación y el fortalecimiento de la identidad y autonomía de cada institución, de manera tal que el avance hacia estándares globales no desarticule a nuestras universidades regionales de su pertinente atención a las necesidades locales.


*Columna publicada originalmente en Hora12